Todos somos responsables del SUICIDIO de Álvaro Rosales: El estigma de la salud mental en el Perú

Por: Eunice Ferreyra

La indiferencia social y la ausencia Estatal se hicieron presentes cuando, hace menos de una semana, un joven de 22 años se suicidó en las vías del tren de la estación Angamos. Si llegamos a hacer una revisión de la noticia en redes sociales, los «me divierte», los comentarios despectivos, la lástima colectiva y las opiniones religiosas abundan en más del 80% de interacciones. Si encendemos la televisión, escucharemos más sobre la vida de la farándula limeña que sobre la razón que llevó a Álvaro Rosales a terminar con su vida. La radio y los periódicos no tienen filtro empático, como se le podría denominar al profesionalismo y ética en la comunicación de noticias tan delicadas como el suicidio de una persona. Es que en el Perú no importa la vida, solo el ráting que genera la muerte

6 millones de peruanos tienen diagnosticada una enfermedad mental, es decir, 2 de cada 10 compatriotas presentan un problema mental cada año. Sin embargo, aunque suene muy preocupante, dista mucho del número real de personas que llevan un tratamiento integral para su recuperación: solo 1 millón es atendido en el Minsa.  

Por otro lado, de cada 100 hogares peruanos, 87 ven televisión, que es un medio de comunicación percibido por la mayoría de la población como sensacionalista y poco informativo. Sin embargo, cuando vemos las noticias ¿cómo percibimos la muerte y el dolor? ¿Recuerdas cuando pediste el video de la chica que saltó del Hotel Sheraton? ¿Recuerdas darle play aunque no querías verlo? La gente bromea, dicen. Es humor negro

Como resultado, encontramos un problema que ha avanzado sútilmente durante muchos años: el estigma de la salud mental. Aún en pleno 2020 hay personas que no comprenden que la depresión, la ansiedad, el trastorno limítrofe de la personal, la esquizofrenia y los trastornos de la alimentación son enfermedades que necesitan tratamiento constante y seguimiento adecuado. Lo peor de todo no es el Estado con un presupuesto de 2% destinado a la salud mental, sino que los principales comunicadores de información y noticias construyen un sesgo prejuicioso contra las personas con enfermedades mentales

Así pues, la representación de los trastornos mentales en los medios de comunicación es predominantemente negativa. Está usualmente enlazado a noticias violentas y trágicas, mientras que el seguimiento a la recuperación de este pasa al olvido, la cual es sumamente esencial si queremos demostrar que existe una solución viable para quien convive diariamente con su trastorno.

El problema con la desinformación que recepcionamos constantemente es la posterior atribución errónea de comportamientos violentos como resultado de un trastorno (utilizado como principal justificante de violencia hacia la mujer y feminicidios); asimismo, la minimización del problema deslegitima las emociones y sentimiento del afectado, produciendo que esta se aisle, cargue consigo opiniones desfavorables sobre sí misma y perjudique enormemente su recuperación.

Tal vez ahora entendamos por qué es tan difícil decidir ir al psicólogo, tal vez ahora podamos comprender por qué las personas con trastornos mentales suelen rehuir espacios sociales.

Lamentablemente, el estigma de la salud mental no solo ha perjudicado la atención adecuada que el Estado debería brindar (y que actualmente continúa ignorando), además repercute en la concepción colectiva que mantenemos sobre las personas con trastornos, produciendo un círculo de violencia sistemática contra aquellos que luchan día a día para mantenerse vivos.

Tal vez ahora entendamos por qué es tan difícil decidir ir al psicólogo, tal vez ahora podamos comprender por qué las personas con trastornos mentales suelen rehuir espacios sociales, tal vez ahora nos demos cuenta el daño emocional y psicológico que causamos cuando decimos «no estés triste» «estás locx» «eres un enfermo» o nos burlamos de la tristeza de quien nos confía sus sentimientos

En definitiva, Alvaro Rosales no se suicidó. Todos lo asesinamos. Y lo asesinó desde un Estado irresponsable con sus ciudadanos, hasta los medios de comunicación que utilizan el morbo, el prejuicio y la ignorancia para generar rating.

¿Cuántas muertes pudimos prevenir?


* Eunice Ferreyra: estudiante de psicología, investigadora social, activista en Colectivo Feminista UPN y bombero voluntaria.