¿QUÉ TAN DIFÍCIL ES ENCONTRAR TRABAJO?

Este reportero escoge los avisos de trabajos más variopintos de los clasificados: empaquetador, actor de películas porno, aprendiz de soldador y limpiador de tripas de chancho a mano limpia. ¿Lo contratarán?


Escribe: Ronald Díaz Guerrero


Obrero de producción: Industria de consumo masivo incorpora personal con o sin experiencia S/. 235 semanal 8hr. Contratos desde este lunes. ¡Directo!

Lunes. 9:00 A.M. Entro al edificio del aviso en la avenida Wilson. El ascensor en desuso me obliga a subir por la escalera, donde bajan seis personas, presurosas como si fueran los ganadores de un sorteo. Llego al cuarto piso. Un tipo de camisa apretada, que cumple la función de jalador, está alerta de quién podría caer, me dice que pase a la oficina del fondo. ahí está una señorita, que sin perder el tiempo pide mis datos y mi DNI. Luego exige cinco soles a cambio de una ficha, que así llaman al contrato. Esta es una agencia de trabajo que ofrece puestos de etiquetador y para embolsar alimentos procesados, previo pago. ¡ PAGAR PARA TRABAJAR!

“De no encontrar plaza, el empleado deberá esperar hasta que se lo cite para una nueva vacante”, dice en una de las líneas. Pone el parche de arranque. No se explica los posibles motivos o cuántos días habría que esperar. Silvia, la señorita, pide que firme. No da pie a que pregunte. Luego exige cancelar cincuenta y nueve soles “Para separar la plaza”. ¡ESTA ES UNA ESTAFA!

— Joven, el DNI se queda con nosotros— dice señalando una pila de estos. — Amiga, tengo que hacer otro trámite con mi documento. ¿Hasta qué hora puedo venir?
— Solo hasta las seis de la tarde.
— Vuelvo entonces. Preguntaré por ti.

Me voy de ahí y bajo por las estrechas escaleras y veo a un siniestro sujeto que le asegura a una mujer humilde el trabajo de su vida. Pero hay un detalle: le pide un adelanto para asegurar la plaza en la oficina 401.

Una propuesta indeXXXente

¡Esta es tu oportunidad! Sé parte de nuestro equipo realizando trabajos artísticos /audiovisuales. Películas para adultos. Entrevistas 5 – 8 pm Av. Alfonso Ugarte 10** of. 706. Trato personal, contrato inmediato.

La puerta de madera del número 706 está semiabierta. Toco y alguien grita: “Un momentooooo”. Mientras espero, escucho que alista el cuarto: el sonido del flash de una cámara fotográfica, las sillas moviéndose y el olor concentrado de un ambientador en spray que acaba de dispararse.
— Adelante, pasa. Mi nombre es Sergio— dice dándome la mano.

La oficina improvisada es un cuarto con una división de triplay recién pintada. Sergio pone en la mesa una especie de contrato. Si hablamos en términos profesionales son trabajos audiovisuales para ser actor, pero actor porno. Por 40 fotos haciendo diversas “acrobacias” calato, el pago es de mil soles y por una sesión de dos horas con una mujer es dos mil soles.

Paso saliva. Al mirar a Sergio recuerdo que puso llave a la puerta. Me sudan las manos. Comprendo por qué tiene lista la cámara digital a un lado de la mesa, pero me mira bien y dice:

— Amigo, esteeee… en verdad, ahora buscamos un perfil latino y más alto— me chotea.
— … Ok…
— Pero si tienes un conocido así pásale la voz, con confianza nomás, y salen ganando los dos, ¿manyas?

Sergio se levanta primero para abrir las puerta. Me levanto y veo que por una abertura de la pared, dos chicas, con diminutos trajes color negro, están sentadas, golpeando los tacones en las sillas. Salgo en silencio y palteado. Afuera un señor conversa con una chica. La mira fijamente. Logro escuchar lo que le dice: “Pagan bien y al toque”. Ella lo mira confiada.

El aprendiz de nada

Ayudante y aprendiz de soldador. Limpieza taller de mecánica 20-25 años con documentos Jr.rio Nazca 17* San Luis.

En esta calle llena de basura están apilados los talleres mecánicos, ocupando las veredas como si fueran suyas. El sol de la mañana hace que el aceite y el petróleo se evaporen y expidan un olor repugnante, me lo hace notar Juan Pablo Ayala, el fotógrafo. La cuestión es planear cómo hago para que entre conmigo y que tome las fotos sin que se den cuenta. » Sacaremos ese actor que todos llevamos dentro», le digo al buen JP, que está muerto de calor.

— Vengo por el anuncio del periódico, para aprendiz de soldador.
— Sí, acá es. Pasa, pasa. Mi nombre es Ezequiel… ¿Él viene contigo?— dice señalando a Juan Pablo.
— Sí, se llama…eh…Dionisio— le respondo y que fue lo primero que se me ocurrió. Ezequiel voltea y camina delante de nosotros, mientras que con el índice derecho se rasca la cabeza llena de canas.
— A ver, te explico. Supongo que para ti no es nuevo un taller de mecánica. Es un trabajo duro. ¿Qué sabes sobre mecánica de soldadura? — pregunta intrigado.
— Hace algún tiempo trabajé limpiando oficinas. Sé lo que es un trabajo duro… pero, maestro, el aviso dice aprendiz de soldador. Supongo que alguien puede enseñarme.
— No, no, no. Aquí el aprendiz debe venir sabiendo. Imagínate. Estaríamos perdiendo tiempo y plata. Aquí los trabajos son diarios. No nos podemos demorar. Ahorita no hay una persona que te enseñe— ruge y se queda mirando a Juan Pablo.
— Pero puedo aprender, mister. Hágame una prueba y después me dice si paso o no. No importa si es para limpiar el taller como dice en el periódico. — No, muchacho, de verdad no puedo ayudarte, así quisiera. Pero… haciendo una excepción, por causas humanitarias, podemos darle trabajo de limpieza a Dionosio— responde creyendo que Juan Pablo sufría de alguna minusvalía.

El sujeto se reserva el derecho de admisión y termina contratando al fotógrafo. No sé qué habrá considerado para negarme el trabajo. ¿Mi forma de hablar, que a comparación de Juan Pablo, por la tensión de tener la cámara y que alguien se diera cuenta, apenas hablaba?
— Este, gracias pero no…— responde.

No me contrató. No le caí bien. Aplicó con estricto rigor lo que significa ser aprendiz de algo. Por segunda vez he sido choteado y han contratado al fotógrafo. CSM.

Al matadero

Obreros. Se necesita para limpieza de menudencias de vacuno y porcino para frigorífico.

Avenida Universitaria. Cuando llamé me dijeron que pagan 800 soles al mes, pero no dan los beneficios de ley, que la hora de entrada es a las cuatro de la madrugada, pero no hay horario de salida. Estoy con polo rojo, jeans y zapatillas, sin terno y en vez de mi curriculum, solo llevo mi DNI. Pregunto por Antonio Marín, el que me va a entrevistar. El vigilante me atiende mientras escucha la radio. Pide mi documento solo para ver mi nombre y me lo devuelve.
— Broder, vas de frente. Choca a la pared y a la derecha te va a estar esperando el señor Marín— me dice el vigilante.

Cruzo por unos pequeños establos de tierra, donde hay vacas y más allá chanchos recién llegados. El olor a sangre seca está por todos lados. Me impaciento por no encontrar al que me va a entrevistar. Un hombre vestido con ropa limpia aparece y dice: “Si buscas al señor Antonio, ve a su oficina, frente al colgadero ”. En ese lugar hay dos filas con ganchos colgando como si fueran garfios. No le doy importancia a un sonido parecido al de unas máquinas oxidadas.

Hay un hombre que me mira a través de sus lentes de medida. Se cubre la cabeza con un protector con elástico y una mascarilla blanca. Levanta la mano derecha, mueve el índice y aparecen los cerdos sacrificados y sin nada adentro, chorreando en agua, previos manguerazos. Él los separa por peso en una y otra fila. Estoy a un costado y ese sonido anterior es de los chanchos en su momento final. Media hora después, aparece Marín, el capataz de los obreros.
— Tú eres el nuevo ¿no? Ya, toma estas bolsas, póntelas en los zapatos y hazle un nudo en la rodilla. Esto en la cabeza y esta mascarilla…Vamos al segundo piso para que te vayas acostumbrando.

Desde el segundo nivel se ve casi todo el matadero. Empieza a dolerme la cabeza. No sé cómo empieza la matanza porque hay una pared que lo cubre, pero siempre el animal es rematado con un cuchillazo, no tan certero, entre las costillas. Cuelgan a los chanchos de las patas y estos aún se mueven. Por el peso, la sangre salpica en todo lo que hay cerca, sobre todo a quienes están ahí abajo. Los sumergen en una caldera hirviendo y es ahí donde terminan de morir. Después los pasan a una máquina donde los cepillan y los dejan “limpios”. De ahí, les sacan las vísceras.

Esto último yo voy a hacer: limpiar los intestinos, sacarles sus excrementos. Me da náuseas. Marín no regresa a buscarme, así que yo lo hago por él. Ingreso a un ambiente donde veo colgados higados, corazones y riñones. Pregunto por Marín y nadie me hace caso. El repugnante olor hace que, por poco, arroje la toalla y algo más. Finalmente aparece el capataz.

— Vas a mirar lo que ellos hacen. Mira bien cómo limpian las tripas. Para que sea más fácil no usamos guantes. Estás a prueba.

Por ajustarme los nudos en las rodillas, casi me resbalo sobre los desechos de los animales. Iván — el limpiador— me saluda con las manos sumergidas en el lavadero de intestinos gruesos y delgados. Antonio Marín me mira con el rabillo del ojo desde una esquina.
— Como ves, nos traen las vísceras verdes que son los intestinos y estómago de los chanchos y vacas, aparte de las vísceras rojas, como el corazón y los pulmones— dice Iván, sacando una tripa remojada y la golpea en la base del lavadero mientras las heces caen al suelo, a sus botas negras y sobre mi pantalón. Mirando no ayudo en nada, así que se me ocurre agarrar torpemente un intestino del lavadero.
— ¡No agarres nada todavía! Aprende primero— me regaña Iván, que ahora mira a Marín y este mueve la cabeza de forma negativa, burlonamente. Me manda a llamar.
— Chico, el trabajo es de obreros. Creo que esto no es para ti.
— Entonces, ¡me voy de aquí, señor!

No pienso para nada insistir, como en los tres trabajos anteriores. Me saco todo lo que me había dado para cubrirme y lo boto a un rincón de su oficina. Me voy de este sucio lugar con las puntas plomas de mis zapatillas mojadas, manchadas de excrementos de chancho. Limpiar excremento de chancho…esto sí fue una mierda. Hay trabajos en los que uno hace lo que le gusta y gana poco. Están las otros labores en la que haces lo que no te gusta, pero ganas bien. Pero hay trabajos donde no haces lo que te gusta y tu sueldo es mísero. Estos últimos, precisamente, lo hacen quienes saben que no se consigue nada fácil sin que estén comprometidos el sudor, el esfuerzo, el trajín. No les es ajeno ganar el mismo sueldo durante años o la injusticia de no tener las mismas oportunidades, a tal punto que se conforman a las inmerecidas condiciones de su trabajo. No hay sed de éxito ni de triunfo. La cuestión es trabajar para sobrevivir. No importa terminar con las manos vendadas y desgastadas por los callos. Esta es la realidad de muchos. Donde les importa más el dinero que ellos mismos. Por mientras hay que seguir buscando trabajo, pero no de lo que sea. *

* Este texto fue publicado hace años, pero no pierde periodicidad de lo precario que es encontrar trabajo en nuestra ciudad.


Ronald Díaz Guerrero: Periodista. Amigo de la crónica, entrevistas y, obre todo, de poner entre dicho a quienes nos ‘quieren ver la cara’. La primera lección en periodismo fue ‘hacer calle’. Así comenzó mi historia y me convertí en reportero.