EL OTRO VIRUS: CLASISMO EN TIEMPO DE PANDEMIA

Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos,
sino que desnuda las almas
y ese espectáculo suele ser horroroso.
Albert Camus, La peste

Por Daniel Amayo Magallanes

Hemos visto en decenas de películas, libros, cómics, documentales, incluso en temas musicales y demás, los extremos a los que puede llegar el ser humano en tiempos de crisis, como la que nos golpea estos días. Pero eso quedaba siempre en el ámbito de la ficción y, por más “realista” que se sintiera, siempre lo mirábamos así, para luego comentar: “Eso jamás pasaría en verdad”. Error. Pasó. Acá en nuestro país. La crisis no solo saca lo mejor de muchas personas, sino que pone en evidencia las taras y prejuicios de muchas otras.

Hace un par de días el diario Perú21 publicaba una “columna de opinión” firmada por Maki Miró Quesada (ojito con el apellido), titulada “Cómo pasar la cuarentena…”, en donde nos regaló (bien empática ella) 5 reglas para sobrellevar el encierro obligatorio. El artículo en cuestión se volvió tendencia a los pocos minutos de salir a la luz, se viralizó, saltó a la televisión abierta, a las radios. De pronto todos hablaban de él. No precisamente por el “lenguaje culto” o la verborrea poética de la escritora peruana (sí, tiene tres libros publicados, al parecer), sino por las razones de las que ya se habló bastante: un desvergonzado y miserable clasismo.

Pero cuando uno podría pensar que no puede surgir algo peor, aparece, desde aquel mundillo en el que viven dichos especímenes, la Asociación Cultural Taurina del Perú, que se lanza indignada, se rasga las vestiduras, estruja con ira sus botas de vino, exige rabo y oreja, porque Jorge Muñoz (actual alcalde de la capital) osó albergar a indigentes y personas sin hogar en la culturosa, tradicional, benemérita Plaza de Acho de Lima… sí, como se lee, indigentes y gente sin hogar, vulnerables ante la pandemia, refugiados en la Plaza de Acho («maigaddd!!! un espacio lleno de cultura, paz y amor invadido!!! No way, darling»).

En la denuncia alegan que Acho “tiene muchas bacterias que van a afectar la salud de las personas que se instalen para vivir en ella”. Conmovedor su grado de humanidad [se seca una lágrima]. Aún más, en la página de Facebook de la asociación, el presidente de la misma, Jorge Luis Pérez Chávez, comparte los pasos que siguieron en el “formulario de denuncias sobre afectaciones al patrimonio cultural de la nación”. En una de las capturas que el excelentísimo comparte, en el apartado donde se especifica la “descripción del atentado”, leemos lo siguiente: “El Alcalde de la Municipalidad de Lima Sr. Jorge Muñoz ha dispuesto levantar un campamento minero dentro de la Plaza de Acho para que sirva de albergue…”. Sin palabras. Lo único que se nos ocurre ante esto es que no sorprendería que, luego de tremenda declaración, la Confiep expropie la Plaza de Acho para empezar los trabajos a tajo abierto, como suele ser su costumbre.

Ante manifestaciones de este tipo en pleno 2020, ya no sabemos si reír, llorar o desear que arda el mundo mejor de una vez y con él todos aquellos que… (ok, ok… relax…).

Lo único que queda claro es que a veces parece alucinante la burbuja (de champaña, por supuesto) en la que viven muchos en nuestro país, siempre de espaldas al Perú, de espaldas a la gente, detrás de las paredes de sus condominios, mansiones o casas de campo (con invernadero lleno de frambuesas y tomates cherry, please), nunca empáticos, jamás “en los zapatos” del otro. (“no, fuchi”). O encerrados en sus coliseos miserables, de blanco pulcro, disfrutando de un domingo soleado de matanza en familia. Capaces, en fin, de emitir una denuncia de este tipo porque una autoridad se atreve a tener un comportamiento humano ante una tragedia y sobrepasar los límites (¿alguien dijo Parasite?) que les ha costado tanto levantar para alejarse del resto, de la chusma, de esa Lima que eligen voluntaria y conscientemente no ver («porque no pues… ajjjjj»).

Aunque la verdad es que cosas como esta, ese grado de racismo y segregación, ya no sorprenden en nuestro querido Perú.


Daniel Amayo Magallanes. Egresado de Literatura de la UNMSM, premió Copé de cuento (2010), editor y corrector de textos .